Las agresiones contra maestras y maestros suelen comenzar con violencia verbal, amenazas, hostigamiento e intimidaciones que terminan normalizándose dentro de las escuelas, advierte la investigación Violencia hacia el docente: un desafío a la educación, elaborada por Jael Carolina Gaona Servín, Brenda García Oliver y María de Lourdes Oliver Conde.
El estudio, contextualizado en el nivel de educación media superior de México, alerta que el deterioro de la convivencia escolar, la pérdida progresiva de autoridad docente y la falta de mecanismos de protección institucional han colocado al profesorado en condiciones crecientes de vulnerabilidad, en un contexto donde muchas de estas conductas son minimizadas o asumidas como parte del trabajo cotidiano.
“Aunque la violencia de estudiantes hacia docentes siempre ha existido, estudios recientes señalan un aumento en su incidencia”, indica la investigación.
Haciendo referencia a datos sobre la Encuesta Nacional de Violencia hacia los Maestros, la investigación detalla que el 40% del profesorado ha recibido algún tipo de violencia, siendo las agresiones físicas reportadas por el 10%, humillaciones por el 30% e insultos y burlas por el 60%.
“Entre las principales causas de este fenómeno se encuentran el ambiente agresivo en el entorno familiar y el uso excesivo de las herramientas digitales que fomentan comportamientos violentos”, agrega el documento.
Las autoras sostienen que, durante años, la discusión pública sobre violencia escolar se ha centrado principalmente en el alumnado como víctima, dejando fuera la experiencia del profesorado y las condiciones en las que ejerce su labor.
Además de agresiones verbales y violencia psicológica, la publicación documenta amenazas, hostigamiento digital, intimidaciones y, en algunos casos, ataques físicos contra docentes, especialmente cuando aplican reglamentos escolares, llaman la atención a estudiantes o evalúan el desempeño académico.
Violencias que se normalizan
En semanas recientes, la discusión volvió a cobrar fuerza tras el caso ocurrido en Michoacán, donde un estudiante asesinó a dos maestras dentro de un plantel educativo, un hecho que encendió nuevamente las alertas sobre la violencia dentro de las escuelas y el deterioro de las relaciones en las comunidades educativas.
Para Nuria González Elizalde, directora de Mexicanos Primero Sinaloa, ese caso no puede entenderse como un hecho aislado.
En su columna “La violencia escolar contra docentes no empieza con un arma”, advierte que las agresiones más graves suelen ser la consecuencia de violencias que crecieron silenciosamente dentro de las escuelas.
“Es la expresión más extrema de un proceso que lleva tiempo creciendo dentro de las escuelas y que hemos preferido no ver en toda su dimensión”, señala.
González Elizalde plantea que la violencia escolar no solo afecta el aprendizaje de niñas, niños y adolescentes, sino también las condiciones mínimas para enseñar en entornos seguros.
Y en estados como Sinaloa, donde la violencia social ha impactado de manera constante la vida cotidiana y las actividades escolares, el desgaste emocional del personal docente se suma a las afectaciones provocadas por la inseguridad.
Escuelas sin mecanismos de protección
La investigación académica coincide en que uno de los principales problemas educativos es la normalización de las agresiones hacia docentes. Muchas veces, amenazas, humillaciones o episodios de violencia verbal son vistos como “parte del trabajo”, lo que provoca que numerosos casos no se denuncien o se atiendan únicamente de manera informal.
A ello se suma la falta de protocolos claros y mecanismos de protección institucional. El documento señala que muchas escuelas carecen de herramientas para atender conflictos, acompañar al profesorado o intervenir antes de que las tensiones escalen.
“Tal vez sea necesario implementar políticas públicas que aborden este tema de manera integral, ya que, sin protocolos y sanciones claras con respecto a los casos de agresiones de estudiantes hacia docentes, se corre el riesgo de que algunos menores manipulen a quienes están a cargo de su formación”, indica la investigación.
También es prioritario seguir promoviendo una cultura de paz al interior de las instituciones educativas, subraya.
Las autoras proponen impulsar políticas públicas que reconozcan la violencia hacia el profesorado como un problema educativo y de derechos humanos, además de generar diagnósticos que permitan dimensionar el fenómeno.
En este Día del Maestro es importante reconocer que la labor docente no puede limitarse a discursos conmemorativos, sino que debe traducirse en condiciones reales de seguridad, respeto y acompañamiento dentro de las escuelas.
Garantizar el derecho a aprender también implica asegurar que maestras y maestros puedan ejercer su labor en entornos libres de violencia y con respaldo institucional.
Fuente: Violencia hacia el docente: un desafío a la educación



