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Menos lectura, más desigualdad; lo que México puede aprender de una tendencia en Estados Unidos.

Menos lectura, más desigualdad; lo que México puede aprender de una tendencia en Estados Unidos

La lectura por placer está disminuyendo de forma sostenida y las consecuencias van más allá de lo cultural, ya que se trata de un fenómeno que puede profundizar las brechas educativas.

El estudio The decline in reading for pleasure over 20 years of the American Time Use Survey, publicado en la revista iScience documenta que, en Estados Unidos, la proporción de personas que leen por gusto cayó cerca de 40% en las últimas dos décadas.

El análisis, basado en datos de la American Time Use Survey, revela no solo una reducción generalizada en este hábito, sino también que la caída es más pronunciada entre personas con menor nivel educativo e ingresos. Es decir, la lectura por placer no solo está disminuyendo, sino que lo hace de manera desigual.

Lectura en declive, brechas en aumento

Este hallazgo ofrece una señal de alerta para México. En un contexto donde evaluaciones como PISA ya muestran desafíos importantes en comprensión lectora, la pérdida del hábito de leer por gusto podría agravar las condiciones de aprendizaje, especialmente entre quienes enfrentan mayores desventajas.

Leer por placer no es una actividad accesoria. Diversos estudios (Do Students Today Read for Pleasure?, Reading for pleasure and children’s cognitive development) han demostrado que fortalece habilidades clave como la comprensión, el pensamiento crítico y la capacidad de concentración. Cuando este hábito se debilita, también lo hacen las bases para aprender a lo largo de la vida.

Además, el entorno en el que se desarrolla este hábito no es neutral. El acceso a libros, el acompañamiento familiar y las condiciones de tiempo libre influyen directamente en quiénes leen y quiénes no.

En México, estas condiciones suelen estar marcadas por desigualdades sociales, lo que puede reproducir —e incluso ampliar— las brechas educativas existentes.

El estudio también apunta a un factor cada vez más presente: el crecimiento del uso de dispositivos digitales. Si bien no sustituyen completamente a la lectura, sí compiten por el tiempo y la atención, favoreciendo consumos más fragmentados y superficiales.

Este cambio en los hábitos plantea un reto adicional para la formación de lectores, especialmente entre niñas, niños y jóvenes.

El hogar, un espacio clave para la lectura

Otro elemento relevante es que la lectura en compañía de niñas y niños se mantiene en niveles bajos. Esto refuerza la importancia del hogar como espacio clave para fomentar el gusto por la lectura desde edades tempranas, algo que no siempre está garantizado.

Frente a este panorama, la disminución de la lectura por placer no puede entenderse como una simple preferencia individual. Se trata de un fenómeno con implicaciones estructurales que exige respuestas desde la política educativa, la escuela y la comunidad.

En México, impulsar la lectura debe ir más allá de campañas aisladas. Requiere asegurar condiciones de acceso, promover espacios de lectura y fortalecer el papel de las familias y las escuelas en la formación de lectores.

Fuente: iScience

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