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Violencia en Sinaloa deja su huella en un ciclo escolar marcado por escuelas cerradas y aulas enlutadas

Violencia en Sinaloa deja su huella en un ciclo escolar marcado por escuelas cerradas y aulas enlutadas

Desde septiembre de 2024, Sinaloa enfrenta una de las peores crisis de seguridad en años, tras el recrudecimiento de la violencia entre grupos del crimen organizado. Esta situación no sólo ha golpeado a las calles, sino que ha trastocado profundamente la vida escolar en municipios como Culiacán, Cosalá, Elota, San Ignacio y Navolato.

Las escuelas, que deberían ser espacios seguros para niñas, niños y jóvenes, han enfrentado interrupciones constantes, asistencia irregular y un ambiente de alerta permanente.

Cierres de escuelas y ausentismo

A tan solo dos semanas del estallido del conflicto, la Secretaría de Educación Pública y Cultura (SEPyC) reportaba que 582 de las 978 escuelas de educación básica con turno matutino en Culiacán estaban cerradas, lo que representaba el 59.5 % del total.

Y en aquellas que permanecieron abiertas, el panorama no era alentador: la asistencia era de apenas un 10% en preescolar, 11% en primaria y 27% en secundaria. El ausentismo escolar en esos días alcanzó niveles de entre el 73 y el 90%.

Aunque la asistencia mejoró gradualmente, la cifra de planteles cerrados continuó siendo significativa. A finales de octubre, aún se contabilizaban 194 escuelas sin clases presenciales; para diciembre, 97 planteles seguían sin operar, y un 19% del alumnado no asistía o tomaba clases en modalidad virtual.

Todavía casi a finales de mayo, la SEPyC indicaba que cuatro planteles educativos permanecían cerrados, en zonas como Villa Juárez y colonias conflictivas de Culiacán.

Afectaciones emocionales y pérdida de aprendizajes

El cierre prolongado de escuelas y el miedo persistente afectaron no sólo la asistencia presencial, sino también la continuidad del proceso formativo de niñas, niños y jóvenes. Esto ha generado un rezago en los aprendizajes que difícilmente podrá recuperarse sin una estrategia integral.

“Cuando una escuela cierra, se pierde más que clases. Se rompe el vínculo con el espacio que brinda rutina, contención y posibilidades de futuro”, destacó Nuria González Elizalde, directora general de Mexicanos Primero Sinaloa, en una columna de opinión publicada por El Heraldo de México.

Agregó que, ante la violencia, era necesario abrir canales de diálogo, sumar voluntades y generar estrategias flexibles, centradas en el bienestar socioemocional y el aprendizaje.

“La educación no puede ser rehén de la violencia. La escuela no debe convertirse en una víctima silenciosa ni en un espacio vacío por miedo. Debe seguir siendo refugio, orientación y esperanza, incluso en los contextos más complejos”, destacó.

A los efectos negativos en los aprendizajes se sumó una afectación todavía más profunda: la emocional.

El miedo, la ansiedad y el estrés se instalaron como parte del entorno escolar, cuando niñas y niños se tiraban al suelo ante el sonido de balaceras en las inmediaciones de sus escuelas, o cuando maestras y maestros quedaron atrapados en comunidades sitiadas por la violencia. En un caso que estremeció a la opinión pública, un maestro de primaria en Culiacán fue privado de la libertad y permaneció desaparecido durante seis semanas.

El precio más alto lo han pagado niñas, niños y adolescentes

Las aulas también han sido tocadas por la tragedia durante este ciclo escolar que está por concluir. De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública, entre septiembre de 2024 y mayo de 2025, al menos 40 menores de edad fueron asesinados en Sinaloa.

Algunos de estos casos han enlutado directamente a la comunidad escolar:

  • En enero, Gael y Alexander, de 9 y 12 años, fueron abatidos junto a su padre en Culiacán, tras ser confundidos por un grupo armado.
  • En marzo, Regina, de 14 años, murió tras resultar herida en un tiroteo en Villa Juárez.
  • En marzo, Danna Sofía, de 12, fue asesinada mientras viajaba en un vehículo con su familia.
  • En mayo, Alexa y Leydi, de 7 y 11 años, fallecieron al quedar atrapadas en un enfrentamiento en Badiraguato.

La violencia también ha alcanzado a los alrededores de los planteles educativos. Una madre de familia fue asesinada en días pasados frente a una secundaria de Culiacán después de dejar a su hijo. En marzo, un comandante de la policía fue acribillado frente a una primaria en Navolato. Estos hechos contrastan con la narrativa oficial de que “las escuelas son espacios seguros”.

La comunidad escolar exige atención

A pesar de cursar un ciclo escolar complicado marcado por la crisis de inseguridad, las comunidades escolares han demostrado resiliencia. En diversos momentos, familias, docentes, estudiantes y organizaciones sociales han exigido a las autoridades acciones concretas para proteger el derecho a la educación.

La solicitud es tener condiciones seguras para el regreso a las aulas, protocolos de seguridad escolar efectivos y atención psicoemocional para las víctimas. No basta con reabrir escuelas, es necesario reconstruir la confianza, reforzar la seguridad y atender el daño emocional que miles de niñas, niños y adolescentes han sufrido.

La niñez y juventud de Sinaloa tienen derecho a estudiar en paz. La educación debe ser un camino hacia el futuro, no una rutina interrumpida por el miedo.

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