Una escuela suspende actividades porque un enfrentamiento armado obliga a las familias a resguardar a sus hijas e hijos. Otra cancela clases porque se quedó sin energía eléctrica. En otro municipio, la ausencia de docentes impide abrir las aulas. En temporada de lluvias, decenas, o incluso, cientos de planteles dejan de recibir estudiantes por decisión preventiva.
Cada uno de estos acontecimientos suele tratarse como una noticia independiente. Al terminar la emergencia inmediata, desaparece también de la conversación pública. Lo que permanece oculto es su efecto acumulado: el tiempo educativo que niñas, niños y adolescentes dejan de vivir en la escuela.
Con el propósito de hacer visible esta realidad, Mexicanos Primero Sinaloa desarrolla la plataforma Días Sin Clases, una herramienta pública que permite monitorear las interrupciones de clases presenciales en el estado..
¿Cómo funcionará la plataforma?
La herramienta registra información sobre cuándo, dónde y por qué ocurren las suspensiones y responde a una pregunta sencilla, pero hasta ahora difícil de contestar: ¿cuántas veces se interrumpen las clases presenciales en Sinaloa y cuáles son las causas? para ofrecer evidencia que contribuya a conocer un fenómeno que afecta la Continuidad Educativa.
Para responderla:
- La herramienta recopila información pública y verificable a través de notas periodísticas e información oficial.
- Mediante reportes que puedan realizar las comunidades escolares.
Su propósito no es únicamente contabilizar eventos, sino aportar evidencia para identificar un problema que hasta ahora se conocía de manera fragmentada.
Porque una suspensión no representa únicamente un ajuste al calendario escolar. Cada día sin clases puede reducir oportunidades para enseñar, aprender, convivir y participar en la vida escolar.
De hechos aislados a un problema público
Contar con información organizada y verificable es un primer paso para hacer visibles estas interrupciones, analizar cómo se presentan y generar mejores condiciones para atenderlas.
Por ello, Días Sin Clases propone cambiar la conversación: dejar de ver las suspensiones como hechos aislados y empezar a reconocerlas como un problema que requiere seguimiento, análisis y respuestas institucionales.
Hacer visible cuándo se interrumpe la actividad escolar, dónde ocurre, por qué sucede y cómo se acumulan estas interrupciones permitirá contar con evidencia para orientar decisiones y exigir respuestas que protejan la Continuidad Educativa y el derecho a aprender de niñas, niños y adolescentes.



