El acoso escolar no termina cuando suena la campana. Sus efectos pueden acompañar a niñas, niños y adolescentes durante años, afectando su bienestar emocional, su aprendizaje y sus oportunidades futuras, advierte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su informe Bullying in education: Prevalence, impact and responses across countries.
El documento señala que uno de cada cinco estudiantes de 15 años en países de la OCDE ha experimentado bullying de forma frecuente. Pero más allá de su prevalencia, el foco está en sus consecuencias.
“Sufrir acoso puede degradar la salud mental de los estudiantes, lo que a su vez puede afectar su rendimiento académico. El rendimiento académico decreciente puede degradar aún más la salud mental a través de una ansiedad exacerbada y un bajo estado de ánimo, reforzando así el daño inicial”, indica el documento.
El informe advierte que el acoso deteriora el sentido de pertenencia escolar, incrementa el riesgo de abandono y puede tener efectos duraderos en la salud mental, por lo que no solo afecta el presente de las y los estudiantes, sino también su futuro.
De acuerdo con el Informe País de PISA 2022, en México, 19% de las niñas y 17% de los niños reportaron haber sufrido bullying de forma recurrente. El problema ha cobrado visibilidad a partir de casos que han terminado en tragedias, como el de Norma Lizbeth, quien sufría bullying persistente y falleció tras ser golpeada por una compañera.
Estos episodios han evidenciado que las señales de alerta suelen aparecer mucho antes, pero no siempre se detectan o atienden a tiempo.
“El bajo apoyo del profesorado, un clima escolar conflictivo y la ausencia de normas claras contra el acoso escolar son factores de riesgo para experimentar y participar en acoso escolar”, destaca el informe.
La OCDE subraya que el bullying no puede entenderse como hechos aislados entre estudiantes. Se trata de un fenómeno complejo, vinculado a factores sociales, emocionales y estructurales, que requiere respuestas integrales desde la escuela y la política pública.
Entre las acciones para enfrentar este fenómeno, el organismo destaca la necesidad de fortalecer el clima escolar, formar a docentes, implementar mecanismos de detección temprana y promover entornos seguros e inclusivos.
“Los profesores y el personal escolar desempeñan un papel central en la prevención, identificación y respuesta. Invertir en la formación inicial del profesorado, el desarrollo profesional continuo y el apoyo en el colegio puede fortalecer la capacidad del personal para reconocer patrones, intervenir pronto, responder de forma constructiva y fomentar un ambiente de aula inclusivo”, destaca el documento.
Atender el bullying no solo implica frenar la violencia, sino garantizar condiciones para que cada estudiante pueda aprender, desarrollarse y construir un proyecto de vida sin miedo.
Fuente: Bullying in education: prevalence, impact and responses across countries, Informe País de PISA 2022



